Hay
que compartir el planeta con otros y otras. Algunos, para evitarlo, optan por
mudarse hacia la muerte. Otros, se quedan y se encierran. Pero la mayoría
decide compartir.
Esa
gran convivencia exige mínimos códigos. El saludo, es uno de ellos:
-
Hola.
-
Hola.
Hasta
aquí vamos bien. Un gesto de carácter coloquial que fue mutando hacia la
inercia.
Lamentablemente
hay más:
-
¿Qué tal?
-
Bien, ¿y vos?
-
Bien.
Un
falso interés por el otro. Un falso bienestar. Vecinos, colegas, familia.
Hace
unos años, viajando por otras culturas, aprendí otra forma de saludar.
Esta
nueva forma, tan distinta, me quedó grabada:
-
El cielo está despejado.
-
El pueblo está tranquilo.
-
Alá es el dueño de todo.
Sería
interesante recuperar el significado del verbo saludar. Simplemente, desear
salud.
El
saludo no es real, el saludo es un deseo. Expresar algo agradable.
Me
imagino entonces, al cruzarme con algún amigo artista de circo:
-
La carpa está llena
-
La rutina sale perfecta
-
El público aplaude de pie
Luego,
cada uno sigue su camino.
(Brunitus)
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