En
el fondo del corazón de cada niño, de cada madre, de todo espectador, anida el
deseo secreto de ver caer al trapecista, de verlo destrozarse los huesos contra
el suelo, derramada su sangre oscura sobre la arena, el deseo esencial de ver a
los leones disputándose los restos del domador, el deseo de que el caballo
arrastre a la ecuyere con el pie enganchado en el estribo, golpeando la cabeza
rítmicamente contra el límite de la pista y para ellos hemos inaugurado este
circo, el mejor, el absoluto, el circo donde falla la base de las pirámides
humanas, el tirador de cuchillos clava los puñales (por error, siempre por
error) en los pechos de su partenaire, el oso destroza con su zarpa la cara del
gitano y por eso, como las peores expectativas se cumplen y sólo se desea lo
que no se tiene, los anhelos de los espectadores viran hacia las buenas
intenciones: asqueados de calamidades y
fracasos empiezan a desear que el trapecista tienda los brazos a tiempo, que el
domador consiga controlar a los leones, que la ecuyere logre izarse otra vez
hacia la montura, y en lugar de rebosar muerte y horrores, el lugar más secreto
de su corazón se llena de horrorizada bondad, de ansias de felicidad ajena, y
así se van de nuestro espectáculo felices consigo mismos, orgullosos de su
calidad humana, sintiéndose mejores, gente decente, personas sensibles y bien
intencionadas, público generoso del más perfecto de los circos.
(Ana María Shua)
Excelente! Muy bien escrito.
ResponderEliminarLa delgada línea que mantiene pendiente nuestra energía para alimentar uno u otro deseo...existe.
Qué lindo este blog
Un abrazo!
Helvecia
Le regalamos al público la libertad del morbo, la fantasía de cruzar el límite...
ResponderEliminar¿quién espera a oír si el músico desafina? que la bailarina no mantenga las puntas de pié? y las esculturas, las pinturas, las películas, los textos, ya estan hechos, no están en riesgo.
el circo tiene ese desafío, ese juego, expuesto en las caídas, porrazos y "fallidos" del payaso para liberar la tensión